Alan Parsons reafirma la grandeza del rock progresivo en una noche de nostalgia y virtuosismo en Ciudad de México

Con medio siglo de historia musical a sus espaldas, Alan Parsons regresó a los escenarios mexicanos para demostrar que las grandes composiciones no dependen de una época para conservar su fuerza. El músico, ingeniero de sonido y productor británico se presentó en el Velódromo Olímpico Juan Melgar de la Ciudad de México como parte de su gira The Show Must Go On, en un concierto que reunió algunos de los temas más reconocidos de su trayectoria y recordó la trascendencia de una obra que ha dejado huella en la historia del rock progresivo.

La presentación tuvo un ingrediente especial: la celebración de cinco décadas de una carrera marcada por la experimentación sonora, los arreglos minuciosos y una visión musical que ha sabido combinar el rock con elementos sinfónicos, electrónicos y narrativos. A sus 77 años, Parsons volvió a encontrarse con un público de distintas generaciones, dispuesto a recorrer junto a él un repertorio que forma parte de la memoria musical de millones de personas.

La lluvia apareció antes del espectáculo y obligó a los asistentes a buscar protección mientras esperaban el comienzo. Sin embargo, cuando llegó el momento de la música, el cielo dio una tregua. A las 21:30 horas, Parsons apareció en el escenario acompañado por su banda y abrió la velada con Standing on Higher Ground, una elección que marcó el inicio de un recorrido por canciones que han mantenido su vigencia a través de los años.

El saludo del británico, entre agradecimientos en inglés y español, dio paso a Don’t Answer Me, una de esas composiciones en las que la melodía, las voces y la instrumentación se encuentran con la precisión que caracteriza su trabajo. Desde los primeros minutos, la propuesta visual y el juego de luces acompañaron una presentación en la que el sonido ocupó el lugar central.

Uno de los momentos más emotivos llegó con Time. La canción, reconocida por su interpretación vocal y su desarrollo instrumental, provocó una respuesta inmediata entre los asistentes, muchos de los cuales encontraron en sus primeros acordes una conexión con recuerdos personales. En la música de Parsons, la nostalgia no aparece como una simple evocación del pasado, sino como una experiencia que conserva la capacidad de conmover en el presente.

A lo largo de la noche, el Velódromo Olímpico se convirtió en un espacio para disfrutar de los detalles que distinguen sus composiciones: capas instrumentales cuidadosamente construidas, arreglos que crecen de manera progresiva y melodías que permanecen en la memoria. Esa combinación ha sido una de las principales características del universo musical asociado con Alan Parsons, tanto en sus trabajos individuales como en la historia de The Alan Parsons Project.

La aparición de los acordes de Cielito lindo aportó un momento particular al encuentro con el público mexicano, al incorporar una referencia musical reconocible para los asistentes. Fue uno de los detalles que dieron personalidad a una velada en la que la relación entre el artista y sus seguidores se construyó tanto desde las canciones más conocidas como desde la experiencia compartida del concierto.

La noche también estuvo marcada por el recuerdo de una trayectoria que ha atravesado distintas etapas del rock. La figura de Parsons ocupa un lugar singular porque su aportación no se limita a la interpretación o la composición: su trabajo como ingeniero de sonido y productor lo vinculó con algunas de las grabaciones más influyentes de la música popular. Entre ellas destaca The Dark Side of the Moon, de Pink Floyd, álbum en el que participó como ingeniero y cuya elaboración contribuyó a consolidar su reputación dentro de la industria discográfica. También trabajó en el entorno de las sesiones de Abbey Road, de The Beatles.

Esa experiencia detrás de las consolas forma parte esencial de su identidad artística. Parsons desarrolló una comprensión profunda del estudio de grabación como un espacio creativo, capaz de transformar una interpretación musical en una experiencia sonora de gran riqueza. Esa atención al detalle se convirtió en uno de los rasgos distintivos de The Alan Parsons Project, el proyecto que fundó junto con Eric Woolfson en 1975 y que abrió un camino particular dentro del rock progresivo.

La asociación entre Parsons y Woolfson dio lugar a una obra en la que las canciones convivían con conceptos narrativos, arreglos orquestales y exploraciones tecnológicas. El proyecto encontró una identidad propia al unir la sensibilidad melódica con una producción elaborada, dando forma a álbumes que trascendieron los límites habituales del rock de su época.

En 2026, esa historia adquiere un significado especial con el aniversario número 50 de Tales of Mystery and Imagination, el álbum publicado en 1976 que tomó como inspiración la obra literaria de Edgar Allan Poe. La producción fue una declaración de intenciones para el proyecto: una combinación de literatura, atmósferas oscuras, instrumentación ambiciosa y una concepción del álbum como una experiencia completa, más allá de una colección de canciones independientes.

Cinco décadas después, aquella búsqueda creativa continúa formando parte de la identidad musical de Parsons. Su trabajo ayudó a demostrar que el rock podía explorar estructuras complejas y propuestas conceptuales sin renunciar a las melodías capaces de conectar con un público amplio. Esa combinación explica por qué temas de su repertorio siguen encontrando nuevos oyentes mientras permanecen vigentes para quienes los descubrieron durante los años setenta y ochenta.

El momento más esperado de la velada llegó con Eye in the Sky. Desde sus primeros acordes, la respuesta del público fue inmediata y el recinto se convirtió en un coro colectivo. La canción, uno de los grandes éxitos de The Alan Parsons Project, conserva una capacidad particular para reunir distintas generaciones alrededor de una melodía reconocible y una atmósfera sonora que ha resistido el paso del tiempo.

Más adelante, Games People Play dio paso a otra ovación para el músico, en una celebración que reconoció tanto sus composiciones como su aportación al desarrollo de un sonido distintivo dentro del rock. La respuesta de los asistentes dejó claro que la relación con su obra va más allá de la admiración por una figura histórica: sus canciones continúan ocupando un lugar activo en la vida de quienes las escuchan.

La gira The Show Must Go On representa también el regreso de Parsons a los escenarios mexicanos después de que algunas fechas tuvieron que ser reprogramadas por problemas de salud. Su presentación en la capital fue, por ello, una nueva oportunidad para reencontrarse con sus seguidores y continuar una serie de conciertos que se extenderá por distintas ciudades del país.

El recorrido contempla presentaciones en Puebla, Querétaro, Guadalajara y Mérida, donde el músico llevará un repertorio construido alrededor de sus composiciones más reconocidas y de una trayectoria que ha conectado la experimentación de estudio con la experiencia del directo. Parsons ha expresado su preferencia por los conciertos en vivo, un formato que le permite compartir sus canciones con el público y comprobar la permanencia de una obra que continúa despertando emociones.

La presentación en Ciudad de México dejó como principal recuerdo la vigencia de una propuesta musical que ha sabido atravesar generaciones sin perder su personalidad. En una época en la que buena parte de la industria privilegia la inmediatez, Alan Parsons mantiene una relación con el sonido basada en el cuidado de los arreglos, la construcción de atmósferas y la búsqueda de una experiencia musical integral.

A cincuenta años de los primeros pasos de The Alan Parsons Project y del lanzamiento de Tales of Mystery and Imagination, su legado continúa presente en la manera en que el rock progresivo entiende la producción, la composición y la relación entre música e imaginación. Su regreso a México no fue únicamente una celebración de canciones conocidas: también fue un recordatorio de la influencia de un creador que ayudó a ampliar las posibilidades sonoras del género y que sigue encontrando en los escenarios un lugar para compartir su historia. Este 23 de octubre será el momento de Guadalajara, donde se escribirá un capitulo más de la historia progresiva en la Perla Tapatía en la colosal Arena Guadalajara. Venta de boletos por el sistema Superboletos.com.

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