Entrevista con La Bande-Son Imaginaire previó al Pepsi Center

Del arte y las raíces de Oaxaca al crecimiento internacional, La Bande-Son Imaginaire ha convertido el darkwave en una experiencia que trasciende la música. Este 10 de septiembre, la agrupación llegará al Pepsi Center de la Ciudad de México, donde más de seis mil personas serán parte de una nueva etapa en la historia de una banda que ha construido su camino lejos de las fórmulas tradicionales de la industria.

Originaria de Oaxaca, La Bande-Son Imaginaire ha desarrollado una propuesta en la que la música oscura convive con el teatro, el cine, la literatura, la estética y las tradiciones de su tierra. Su sonido, cercano al darkwave y alimentado por distintas vertientes de la electrónica y la escena alternativa, ha encontrado una identidad propia que les ha permitido conectar tanto con seguidores habituales de estos géneros como con públicos que originalmente se encontraban lejos de la escena oscura.

La agrupación, integrada por Óscar Tanat, Heri Ángelo Tanat y Bram Hernández, ha hecho de la independencia una parte fundamental de su trayectoria. En lugar de esperar a que una industria construyera un espacio para ellos, decidieron generar su propio entorno cultural y artístico. Esa apuesta los llevó primero a consolidarse dentro de la escena nacional y posteriormente a presentarse en distintos escenarios de México, Europa y otros territorios.

Su crecimiento también ha quedado reflejado en escenarios cada vez más grandes. Después de presentarse en el Teatro Metropólitan, donde ofrecieron un espectáculo con una fuerte carga teatral, ahora la banda se prepara para dar un nuevo paso con su llegada al Pepsi Center de la Ciudad de México este 10 de septiembre. El recinto reunirá a más de seis mil personas alrededor de una propuesta que difícilmente puede reducirse a un concierto convencional.

Para La Bande-Son Imaginaire, cada presentación forma parte de un universo más amplio en el que convergen música, imagen, actuación, literatura y las raíces culturales de Oaxaca. Su historia también representa el crecimiento de una escena alternativa que durante años permaneció en espacios más pequeños y que hoy comienza a ocupar recintos de mayor capacidad.

En esta conversación, la agrupación habla sobre la construcción de su propio camino, la relación entre música y otras disciplinas artísticas, el fenómeno de las nuevas generaciones acercándose a la escena oscura, la independencia frente a la industria musical, el regreso de los formatos físicos y lo que significa llegar a un escenario como el Pepsi Center sin haber dependido de un fenómeno viral para construir una audiencia.

En entrevista para CobaltoMedia.us, con Óscar Tanat y Bram Hernández.

—Siempre ha existido un mercado muy fuerte para el EBM, post-punk, new wave y otros géneros afines en México, pero desde hace muchos años no se tenía una figura masiva como ustedes, que llegara al corazón de un público más amplio. ¿Cómo perciben este momento de la escena oscura en México?

—Hocico fue la primera gran banda de la escena oscura en abrir las puertas de México hacia la escena internacional. Si bien Hocico quizá sea menos conocido en nuestro país que en Europa, ya hicieron un Vive Latino y un Plaza Condesa, donde nosotros tuvimos la oportunidad de ser parte en 2018.

Hocico será el referente de mayor éxito internacional en la historia de la escena nacional. Son Imaginare representa un hito en otro sentido. Quizá no somos tan populares como Hocico en Europa, pero sí somos la primera banda de la escena oscura que hace un Teatro Metropólitan o que va hacia un Pepsi Center, y eso rompe con todos los parámetros y predicciones de los brujos más avispados de Oaxaca. En México no estamos solos. Hay muchas bandas haciendo proyectos muy interesantes, solo que no cuentan con una industria cultural que los soporte. No es que nosotros tengamos esa industria: la construimos. Nos dimos cuenta de que teníamos que construir una cultura alrededor de nosotros, y eso fue lo que causó la diferencia.

—No solamente está su música; también está la estética que han desarrollado. Hay personas que no tienen nada que ver con el género y que primero se sienten atraídas por esa imagen para después convertirse en seguidores. ¿Cómo viven ese fenómeno?

—Este fenómeno es muy recurrente. Nos escriben y nos comentan que hay gente a la que le gusta el darkwave y que nos conoció aparentemente por eso. También hay personas que vienen del pop, o de otros géneros más mainstream, y nos dicen que somos la única banda que escuchan de este género. Hay gente que se atrapa con nuestra estética, los videos, el beat, la puesta en escena o las letras. Bastantes personas nos comentan que nuestras letras se parecen a historias que ellos mismos han vivido.Es un proyecto de arte que conjuga tantas cosas y que es tan escénico que conecta. Eso hace que salga del nicho y comience a tener esta proliferación.

—¿Cómo se estructuró la visión de hacer un proyecto basado en lo artístico, lo cinematográfico y las raíces culturales, además de la música oscura?

—Las raíces culturales no es algo que hayamos tenido que plantearnos demasiado, ya que somos de Oaxaca. Plasmamos la forma en la que vemos la vida y las tradiciones que profesamos. En términos artísticos, siempre hemos sido grandes amantes del arte. El arte es elemental en un mundo de productos industriales vacíos que se comercializan como artistas. Es una tristeza. Desde nuestra trinchera buscamos crear discursos, imaginación y recursos a través del cine, la literatura, el teatro y la música.

Por eso queríamos hacer un proyecto que combinara todo eso. También porque nos gustan esas cosas. No somos un proyecto que manda a hacer sus videoclips: hacemos nuestros propios videoclips. Nos apasiona y nos gusta el cine, nos apasiona contar historias, y creo que ahí está la base: una pasión, un placer y una necesidad de expresarnos por medio del arte.

—¿Han pensado en llevar esa visión a un largometraje, quizá contando una historia relacionada con ustedes mismos?

—Nos ha pasado por la cabeza. Hicimos una obra de teatro llamada El Camerino Imaginario. Era una obra que se presentaba un día antes del show en Ciudad de México. Tú podías ver a los artistas preparándose en el camerino antes de salir al escenario y, cuando ibas al concierto al día siguiente, podías entender los elementos si habías visto la obra de teatro. Personalmente, esa obra sigue en mi cabeza como una posibilidad de hacer una película de Son Imaginare, donde los artistas se van preparando. No los ves tocando; ves toda la parte íntima, teatralizada y ficcionada.

—Si la banda continúa creciendo en el séptimo arte y en la música, ¿cómo podrían convivir esos dos mundos?

—A mí me pasa. Soy maestro de música, comenta Bram Hernández  y es una cosa a la que me enfrento día a día: cómo colindar ambos mundos, mi profesión y la banda. Es mucha más chamba, evidentemente. La banda tiene más trabajo ahora. Si eso pasase, si llegáramos a ese escenario, sería genial ser reconocidos por cineastas o actores. Es parte del mismo universo en el que estamos.Al ser personas que tenemos múltiples pasiones hacia diferentes tipos de arte, siento que sería una extensión de nosotros. Implicaría más trabajo, pero la banda seguiría siendo el eje de todo lo que ocurre alrededor.Estamos buscando generar cine, poesía, y se siente como parte de lo mismo que hacemos, porque todo es parte de las mismas pasiones en las que estamos trabajando.

—¿Cómo manejarían el éxito inmediato provocado por una situación viral?

—Llevamos más de diez años. Son fans que construimos durante nuestra carrera, no a partir de un gran hit o de un video viral. De ahí que apenas posteamos. Tenemos menos de 40 mil escuchas mensuales en Spotify y llenamos un Metropólitan. No es coherente. No tenemos un track o un video que haya llegado al millón de vistas y estamos llenando salas en Europa. No es extraño para nosotros cómo llegan las cosas. Sería incontrolable si llegara un fenómeno viral de la noche a la mañana, porque no tenemos experiencia en eso.Pero lo del Pepsi Center lo estamos haciendo con parsimonia, construyendo los escalones paso a paso, y conocemos el camino. Somos capaces de entender lo que está pasando. Hemos hecho una estrategia y, en ese sentido, estamos a salvo.

—¿El tiempo está del lado correcto de ustedes?

—Es curioso, ya que la banda se volvió familiar. Somos una banda que, de por sí, las familias escuchan y a cuyos conciertos van juntos.Nos hemos topado con gente joven que no nos conoce y los fans son sus papás, y también ocurre al revés. Estos choques generacionales no los sentimos tanto.

En Europa el público sí suele ser mayor, y sí es otro factor. Sin embargo, tuvimos destellos durante esta última gira: vimos gente muy joven, adolescentes en Europa, que estaban loquísimos con nosotros. Sí hay un resurgimiento de las escenas alternativas. Se han vuelto un estandarte unificado. Si bien existen las tribus, ya conviven en armonía. Se siente una verdadera escena alternativa que está en comunión y en contra de todo el mainstream, y eso ayuda a que nuestra banda tenga un auge de público tan diverso.

—Hablemos de la industria. ¿Cómo ven el panorama actual para las bandas independientes?

—Esta forma de industria estuvo ligada a los sellos discográficos. Todavía hasta los 2000 existían de otra manera, pero la industria actual ya son más bien corporaciones que eligen a sus nuevos ídolos.No es sorpresa para nadie que hay artistas que se han construido de manera sintética, que surgen de la nada, que nunca habías escuchado y de pronto están en todos lados, porque hay todo un complejo económico que está impulsando ese movimiento. Ser una banda independiente es complicado porque no tienes los recursos para competir contra eso.

En algún momento nos llegan propuestas así, a cambio de que tu arte ya no te pertenezca. Es una gran disyuntiva. Nosotros, con nuestra independencia y solvencia, al final entendemos esto como un trabajo. Yo prefiero poder decidir a que una industria me diga qué hacer. La banda ha sobrevivido a eso y somos muestra de que, con mucho trabajo, se puede hacer. Además, la industria está volteando hacia esta escena oscura y alternativa porque ve que está vendiendo y tomando su lugar. No somos los primeros, pero sí somos de los pocos que se mantienen independientes y pueden decir lo que hacemos.

—¿Qué opinan del regreso del vinilo y del interés renovado por los formatos físicos?

El vinilo está volviendo con todo. Es el síntoma de que necesitamos aferrarnos a algo sólido. El streaming es tan volátil que nosotros, como seres humanos, necesitamos lo físico. Todo está en una nube. No eres dueño de nada y, sobre todo, los jóvenes se están dando cuenta de que no tienen pertenencia a nada. Nosotros no tenemos vinilos, desafortunadamente. Nuestro último álbum es una revista con textos literarios y fotografías; no es un libro. En Europa, todos llevan sus vinilos. Los artistas con los que alternábamos llevaban sus vinilos; nosotros llevábamos una revista y volaron.

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